Resulta cuando menos complicado ser capaz de expresar con palabras justas y llenas de sentido las emociones vividas estos últimos quince días de julio, desde el día nueve hasta hoy, porque la emoción es siempre escurridiza y fugitiva. No obstante, hay que intentar, al menos, ser justo y honrado. Quiero agradecer con todo mi corazón a quienes donan sus órganos para ayudar a muchas personas y darles el regalo de una vida mejor; especialmente, pienso en las familias que se enfrentan a la muerte de un ser querido y tienen un gesto generoso que les aproxima a todo lo bello que significa estar juntos en este mundo y solidarizarnos con los demás de una manera absoluta. Mi reconocimiento no tiene límites.
También estoy muy agradecido a quienes han cuidado estos años de mí en el Hospital de Basurto, en tantas y tantas tardes de diálisis: Médicos, enfermeras, auxiliares, personal de limpieza y, claro, a todos mis compañeros y compañeras que han padecido conmigo la dureza de estar enfermo en el día a día. Por supuesto, al excelente equipo de transplantes del Hospital de Cruces que hace posible que todo sea más fácil y llevadero. Gracias.
A los míos, ya lo saben. Ellos han padecido conmigo. Sin vosotros nada tendría sentido; sin vosotros, mi vida estaría hueca. Eskerrik asko eta aurrera!
